Quemando mis fantasmas


QUEMANDO MIS FANTASMAS


     Me siento ante la ventana. No hay gente por la calle y en tiempo es tan incierto ... Son las tres de la madrugada y sólo el sonido de mi respiración profana el silencio. Hago una bocanada de humo de mi cigarrillo y dejo que la nicotina resbale hasta mis pulmones. Es como un lento suicidio disfrazado de placer. 
     Mi alma vuela, vuela lejos, vuela por el aire frío de la noche, sorteando la niebla. Veo los edificios manteniéndose firmes. En ellos duermen tranquilas otras almas esperando la hora de despertar para seguir la rutina diaria. 
     Se que la Luna me vigila. No le gustan las almas que vuelan. Perturban la armonía de la oscuridad. Se que me vigila porque conoce mi tristeza. Me vigila compadeciéndose de mi desazón. 
     Sobrevuelo pueblos y ciudades, caminos y carreteras, bosques y playas buscando un respiro. 
     Sin casi darme cuenta me encuentro con tu presencia, lejana pero intensa. Un aura de tristeza envuelve tu luz y te encarcela del resto del mundo. 
     Mientras me acerco a ti noto cada vez más tu aliento. Eres un cúmulo de sentimientos hechos una maraña de papel. 
     Llego a tu lado y te miro. Eres la más bonita de las almas enturbiada por la tristeza. Te doy un beso en la mejilla mientras acaricio tus rizos con ternura. 
     Te despiertas y me miras. Sabes que estoy allí y sabes que siempre que lo necesites estaré. 
     Me acabo el cigarrillo y lo apago en mi interior, quemando mis fantasmas. Hago un suspiro y me voy a dormir esperando que el sueño de tenerte en mis brazos se haga, apenas cerrar los ojos, realidad.