La anécdota es muy conocida, y muy antigua, pero hermosa.
Se cuenta del Padre Vilariño, autor de una preciosa biografía de Jesús que yendo sólo en el tranvía –allá en el Madrid de los años treinta del siglo pasado—charlando con el Señor, al acercarse el cobrador pidió instintivamente dos billetes, con gran admiración del tranviario… Así era de real Jesús para él.
Jesús no es el teólogo curioso, es el amigo y quiere saber si cuenta con sus amigos: ¿qué soy en tu vida?, ¿ocupo en lugar en ella?
4.- Hay muchos “quienes” en el Evangelio, la multitud se pregunta: “¿quién es éste que acalla a la tempestad?, ¿quién es éste que arroja a los demonios?, ¿quién, que perdona los pecados?, ¿quién es el que habla con autoridad? Quién, quién, quién, pero todos fuera de mí. El único quién importante para el Señor y para cada uno de nosotros es: “¿Quién es el Señor para mí?
A una persona se la define por su nombre y apellido, por la referencia a la familia que pertenece, por su carrera o cargo. Pero lo importante es quién es para mí, la persona sin la que no puedo vivir, la persona por la que soy capaz de dar mi vida. Lo único que me importa en la vida… Esta es la respuesta que Jesús espera de mí.