Las brujas
11-11-2007
Todo comenzó con un correo electrónico que me envió un amigo y que conservo como prueba documental. El correo, cuyo asunto contenía un lacónico “Brujas” y ninguna explicación adicional, adjuntaba un documento en formato Power Point que abrí desprevenidamente sin saber que al hacerlo cambiaría mi vida. Se puede decir que, antes de leer el Power Point de las brujas, yo era yo y el mundo que me rodeaba, y que, después de leer el Power Point de las brujas, mi mundo se redujo a un agujero negro de nombre Berenice, situado en el universo Price. La cosa fue sencilla y gradual, pero fulminante. En la primera pantalla del Power Point salió el siguiente mensaje: “Piensa tres veces en la única persona con la que quieres estar.” Yo, en ese momento, pensé en algunas mujeres, y me pareció injusto estar sólo con una de ellas, así que, no muy convencido, pensé tres veces: “Con Berenice Price”, y pasé a la pantalla siguiente. Entonces, la pantalla me volvió a instruir: “Piensa en una cosa que quieras conseguir en una semana, y repítela seis veces”. Yo pensé: “Estas brujas están tontas: ya he dicho que quiero conseguir a Berenice Price.” Y las otras cinco veces, sólo pensé: “Quiero conseguir a Berenice Price.” Pasé de pantalla, y entonces las brujas escribieron: “Si pudieras ver un deseo realizado, ¿cuál sería? (nueve veces)” Entonces, yo pensé: “A ver si os enteráis: Quiero hacer el amor a Berenice Price.” Y lo repetí nueve veces antes de pasar de pantalla. En la siguiente, las brujas decían: “Piensa en algo que deseas que suceda con la persona en la que pensaste, y repítelo doce veces.” A estas alturas, yo ya estaba un poco cabreado, y repetí el deseo doce veces, pero cambiando la expresión “hacer el amor” por otra más explícita, a ver si las brujas entendían, por fin. La siguiente pantalla tenía trampa. Decía: “Ahora, envía este correo a quince personas en menos de una hora. Si lo haces, tu deseo se hará realidad; si no lo haces, ocurrirá todo lo contrario de lo que has deseado.” Ah, malditas. ¿Y ahora me iba a poner yo a enviar el mismo mensaje a quince amigos para que se realizara el deseo, para poder hacerle el amor a Berenice? ¿Y, si no, nada? ¿Y, si no, todo lo contrario? Al principio, me enfurecí. Pero, después, no sé cómo, vi la luz. Las brujas no iban a poder conmigo. Si no enviaba los correos y ocurría todo lo contrario de lo que había deseado… En lugar de hacerle el amor a Berenice, iba a ser Berenice quien me hiciera el amor a mí. Así que decidí no enviar los correos. Lo malo es que llevo casi un año esperando el milagrito, y Berenice ni se fija.