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Castell d'Escornalbou
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Castell d'Escornalbou

La montaña de Escornalbou estaba situada en los límites entre las tierras cristianas y las musulmanas por lo que sirvió de refugio a numerosos sarracenos que huían de la Reconquista. La cristianización catalana se dio por finalizada tras la conquista de Siurana (Priorato) por parte de Albert de Castellvell en 1153. Nueve años más tarde de esta ocupación, el 8 de mayo de 1162, se organizó una batida en Escornalbou para expulsar del monte a los últimos moriscos refugiados en él. Alfonso II de Aragón cedió las tierras tres años más tarde, en 1165, al canónigo de Tarragona Joan de Sant Boi. Las únicas condiciones que impuso el rey fueron construir en la montaña una capilla dedicada a san Miguel y un monasterio para que los canónigos del se encargaran del cuidado del templo. Puesto que la zona estaba rodeada de bosques espesos que servían de refugio a sarracenos y fugitivos, el monasterio tenía que fortificarse mediante altos muros. El cenobio cumpliría también, por tanto, funciones militares defensivas. Joan de Sant Boi consiguió reunir muy pronto una comunidad de seis monjes que dieron inicio a la construcción del templo. En 1198 se firmó un acuerdo entre el prior de Esconalbou y el arzobispo Ramón de Castelltersol mediante el cual el monasterio quedaba bajo la tutela del arzobispado de Tarragona, reservándose el derecho de elegir a su propio prior. Los canónigos crearon una cofradía dedicada a san Miguel que sirvió para recaudar fondos para construir tanto el templo como la casa de los monjes. Además, la cofradía fue un importante foco de religiosidad en la zona. Sin embargo, el monasterio nunca fue muy influyente y poco a poco fue perdiendo relevancia. En 1574 únicamente quedaba un canónigo en Escornalbou. El cenobio fue secularizado y en 1580 fue cedido a los monjes franciscanos con la obligación de que alimentaran al único canónigo que aún permanecía en el momasterio hasta el momento de su muerte. Los franciscanos convirtieron Esconalbou en un seminario que funcionó como tal hasta la exclaustración de 1835. El monasterio quedó lentamente en el olvido hasta que en 1920 Eduardo Toda, bibliófilo y diplomático, adquirió el edificio. Realizó una profunda transformación hasta convertir el antiguo cenobio en una mansión señorial en la que almacenó numerosos libros y antigüedades. Toda quería convertirlo en su residencia habitual y pasar ahí sus últimos días, pero terminó trasladándose al monasterio de Poblet.