Dime tu nombre



DIME TU NOMBRE


   La dichosa cola de siempre para facturar el equipaje, llevaba veinte minutos y la cola no corría, se alborotó el pelo con una mano mientras la otra tapaba su boca disimulando un bostezo, delante de él una anciana de unos setenta y…, además extranjera, detrás de él un grupo de jóvenes que se hacían bromas entre ellos, su entretenimiento era mirar la gente pasar que iba y venía por la Terminal, parecía que la cola se movía, uf… tres personas menos, murmuró en voz baja, tiró del carrito para avanzar y fue entonces cuando una mujer de unos 35 años cuatro puestos delante de él se agachaba a recoger unos papeles, su mirada se quedó fija en la tirita del tanga que asomaba de sus vaqueros, al levantarse como si ella supiera la sensación que había provocado en él, lo hizo con delicadeza marcando cada movimiento de sus curvas, Dios que buena está…pensó para sus adentros, era alta su melena rubia recogida en una coleta se dejaba caer sobre la espalda  de piel finísima bronceada por el sol, su imaginación voló, si pudiera restregar mi polla por donde asomaba la tirita del tanga mmm…, el pulso se le aceleró y empezó a sentir como su miembro viril crecía en su entrepierna, sin darse cuenta la cola empezó a aligerar, la mujer cogió sus billetes y fue a la puerta de embarque, él la siguió con la mirada, sus movimientos sensuales al andar le pusieron frenético. Buenas tardes, la voz de la azafata le hizo regresar a la realidad, facturó su maleta y se dirigió a la puerta de embarque, sentado en el asiento y mirando por la ventana sintió como el pasajero del lado tomaba asiento, buenas tardes…, la voz le estremeció se giró para contestar pero su boca enmudeció, la chica rubia de la cola se iba a sentar a su lado, es mi día de suerte pensó, pero continuó sin poder decir nada, la chica le miró y le sonrió, estaba soñando era preciosa, buenas tardes acertó a decir, al sentarse la chica rozó su mano sin querer y esto le puso nervioso, sintió su piel suave, con solo el roce todas las alarmas de su cerebro se dispararon, estaba apunto de vivir una aventura de lo mas peculiar, entablaron una conversación coloquial y el vuelo pasó demasiado deprisa, al salir del avión se intercambiaron dos besos y pudo percibir el aroma de su piel, creo que me he enamorado, le dijo sonriendo, la mujer le miró fijamente a los ojos, creo que yo también, y giró sobre sus tacones y se fue alejando, despacio, marcando cada paso que daba como si quisiera que él la siguiera, sonreía, sabía el efecto que había causado en el, espera… su voz hubiera querido sonar con más fuerza pero con eso bastó, ella paró su paso y giró sobre si para dedicarle una sonrisa, corrió hacia ella que permanecía quieta esperándole y cuando estuvo a su altura cogió sus manos y la miró a los ojos, vio como su lengua se paseaba por la comisura de sus labios humedeciéndolos, y sintió los latidos de su corazón retumbar en su cabeza, el estómago se le encogió y un calor sofocante invadió su cuerpo, ella levantó sus brazos atrapando su rostro entre sus manos y de pronto se volvió valiente y le beso en los labios, su lengua se asomo tímida entreabriendo sus labios, él se abandonó abriendo los suyos para acoger en su boca su sabor, sus lenguas se entrelazaron dentro de sus bocas, degustándose, saboreando el instante…, el calor invadió sus cuerpos, las sensaciones fluyeron de manera animal, era fuego…, era pasión…, era lujuria… era pura atracción física…, la rodeo con sus brazos y la  apretó hacia su cuerpo, sintió sus pezones endurecidos chocar en su torso, voy a explotar le confesó él apoyando su frente en la suya, y ella volvió a sonreír, separándose de él con elegante gesto se acercó a su oído, pegó sus labios en su oreja, yo también amor, su voz era tan sensual y dulce que todo su cuerpo experimentó un escalofrío que  estremeció todos los rincones de su ser. No podía ser verdad, aquello era inimaginable creía estar en un sueño y por favor que nadie le despertase, la mujer rubia se separó unos centímetros de él, le tomo la mano y le obligó a caminar a su lado, no se tu nombre, acertó a decir él en medio de la multitud siguiendo sus pasos decididos, yo tampoco, contestó colocándose delante de la cinta para recoger un simple maletín, estaba desconcertado, confuso,  aquella mujer le estaba embrujando, le dolía el sexo y por encima de todas las cosas quería follársela, recogió su equipaje y la siguió. Quiero que conduzcas tú, sólo tienes que seguir las indicaciones del gps, cogió las llaves y como si lo hubiera hipnotizado se sentó delante del volante y arranco el motor, la mujer se sentó de lado mirándole siempre con la sonrisa en sus labios, se incorporó y se acercó a él, empezó a mordisquearle la oreja, a lamerle el lóbulo, me gusta como hueles 

Su voz sonó ronca por el deseo, dejó escapar un suspiro para liberar la tensión y el sintió su aliento quemar en la piel de su nuca, su mano fue desabrochando la camisa y sus dedos se enredaron en el bello de su pecho, acariciándole con gestos expertos, sin titubeos, sin tabús, sin dudas, sintió bajo las caricias de sus dedos como todo su cuerpo temblaba y esto la excitó más, siguió acariciando su pecho despacio muy despacio fue deslizando su mano hasta introducirla en sus pantalones, sintió su polla ardiendo, endurecida y mojada muy mojada, se agachó para besarla…, para lamerla…, para tragársela…, tengo que parar o voy a correrme, hazlo mi amor, su boca se volvió a deslizar con ternura por su polla, él sintió como todo su cuerpo se estremecía de placer paró en un lugar aparentemente apartado, el atardecer había dado paso a la noche y la oscuridad se hizo su cómplice, cerró los ojos, se abandonó a las caricias que ella le regalaba, sentía su boca deslizarse sobre su polla, su lengua ardía y aunque quiso aguantar de pronto, cuando su mano cogió con suavidad sus testículos pasó lo inevitable, quiso apartarla para correrse fuera de su boca, pero ella siguió y no paró hasta sentir el sabor del semen en su boca, se incorporó y le miró con aquellos ojos grandes de color caramelo, ¿Dónde vas? Le preguntó ella mordisqueándose los labios, donde tú quieras llevarme le respondió acariciando sus manos, le señaló el gps y el sin dudar volvió a emprender la marcha, entró en un parking de un bloque de apartamentos y ella le indicó su numero de plaza, salieron del coche y ella se acercó a él, le volvió a besar con dulzura, me estas volviendo loco, ssst le calló colocando su dedo índice en sus labios le tomó la mano e hizo que la siguiera, entraron en el ascensor y él la acorraló contra los espejos y volvió a besarla, sus manos se posaron en sus pechos endurecidos, abrió sus piernas y la levantó, ella sintió la firmeza de su miembro viril a través de su pantalón vaquero y se estremeció, colgó sus brazos en su cuello y arqueó su espalda hacia atrás, él inclinó su cabeza entre sus pechos, su perfume le enloquecía, mordisqueó sus pezones a través de su camiseta de algodón hasta que el ascensor se detuvo, salieron y ella sacó unas llaves de su bolso abrió la puerta del apartamento y entraron, la cogió en brazos y sus labios se pegaron a los de ella, la tumbó en la cama  y empezó a quitarle la camiseta, no llevaba sujetador y sus pechos blancos de piel aterciopelada le invitaron a besarlos a lamerlos a mordisquearlos a sorberlos…, eran generosos, cálidos y firmes, ella acogió las caricias arqueando la espalda, se soltó la coleta y su melena dorada cayó sobre la colcha blanca como si álguien hubiese esparcido oro sobre ella, estoy ardiendo por favor quiero que me folles le susurro al oído con voz ronca, no puedo más por favor, por favor, se incorporó y se alborotó el pelo, la miró de arriba abajo era preciosa, todo en ella era sexualidad…, ternura…, sensualidad…, delicadeza…, fragilidad…, dulzura…, suavidad…, nunca hubiese pensado que esto le pasara a él, estaba flotando sentía sus impulsos a flor de piel, sensaciones que nunca jamás había experimentado, los latidos de su corazón ensordecían sus oídos, su sangre corría por sus venas a velocidad vertiginosa, sentía tanto en su piel por una mujer de la cual no sabía ni su nombre…Terminó de desnudarla y se puso sobre ella, mirándola queriendo creer que lo que estaba viviendo era real, quiero hacerte el amor lo mejor que se, quiero que te acuerdes de mi, quiero que recuerdes mi piel, quiero que mi aroma no se borre de tu memoria jamás…, lo recordaré siempre susurro el y la penetró despacio sin prisas sintiendo cada milímetro de ella en el, la sintió vibrar, la sintió gemir y cerro los ojos, no los cierres mi amor quiero que vivas este momento como yo lo estoy viviendo, quiero que me mires y veas como me haces disfrutar, que veas como tu cuerpo me hace sentir el placer que siento, le sonrió levemente mientras su cuerpo empezaba a mecerse sobre el suyo, y ella abrazó su cintura con sus piernas para que su penetración fuera más profunda, me estás volviendo loco… y tú a mi, y ella se puso sobre él, y él la penetró por detrás, y de lado, y de todas las maneras que puedan existir en la asignatura del sexo, sus cuerpos estaban hechos el uno para el otro, sus sexos encajaban a la perfección, sus caderas se acoplaban y sus cuerpos desconocidos se amaban como si fueran uno solo, volvió a ponerse sobre ella y bailó con ella la danza del amor y cuando su respiración se volvió agitada supo que era el momento de dárselo todo, buscó sus manos con las suyas, sus dedos se entrecruzaron, sus lenguas se amaron y en unos instantes en el empujón clave un suspiro escapó de sus labios, y no pudo evitar acompañarla en el viaje al cielo infinito que había emprendido, se corrieron juntos explotando de placer como las castañas explotan cuando llega el otoño, se dejó caer a su lado extasiado, completo, fascinado, ese era sin duda, el mejor polvo de su vida, todo su cuerpo sudoroso, había experimentado sensaciones inimaginables, dolor…, placer…, miedo…, valentía…, sinrazón…, cordura…, temblor…, ya nada sería igual en el camino de su vida, se había quedado enganchado, atrapado, dependiente…, ya nada podía hacer por su pobre ser, había sido embrujado por la sexualidad femenina que por los poros de su piel brotaban, su perfume…, su tacto…, su mirada…, todo le había enganchado a ella y estaba desconcertado no sabía que rumbo iba a tomar ahora su vida, se volvió a alborotar el cabello, y la miró, estaba tendida boca abajo, su cuerpo estaba hecho para concebir el pecado, le acarició la espalda con la mano y sus labios besaron cada centímetro de su piel, su lengua de vez en cuando se asomaba de sus labios para percibir su sabor dulce como una fruta madura, siguió besándola, acariciándola, mimándola…, y las yemas de sus dedos siguieron la curva de su culo, hasta que uno de sus dedos se introdujo lentamente dentro, con mucha suavidad, un gemido escapó de entre sus labios, me gusta, escuchó su voz dulce y ronca, y continuó, le dio la vuelta y su lengua buscó su clítoris mientras otro de sus dedos se introducía dentro de su coño, su otra mano se deslizó por su vientre hasta atrapar uno de sus pechos, la sintió vibrar, la sintió estremecerse, la sintió florecer como los cerezos revientan sus yemas y florecen en el mes de abril, la enloqueció de placer y él se sintió grande, satisfecho, imperioso, realizado…, creyó morir de felicidad al verla retorcerse de placer en su llegada al orgasmo, se tumbó a su lado abrazándola, absorto en sus pensamientos, ¿y mañana que va a ocurrir?, sintió la respiración de ella desacelerarse,  tornando a la normalidad, apartó los cabellos dorados que cubrían su rostro y la besó en la nuca, te amo…, necesito saber tu nombre, le susurro al oído, ella le tomó la mano y besó cada una de las yemas de sus dedos, acomodó su cabeza entre su pecho y se quedaron dormidos.

   Ring…, ring…, ring…, el teléfono le despertó, si, contestó desconcertado, buenas tardes, está en la zona de descanso del aeropuerto, su avión despega en veinte minutos, que tenga un feliz vuelo. Todo había sido un sueño, se incorporó de su siesta y fue a refrescarse la cara, se miró en el espejo, a sus 40 años su cabello ya empezaba a estar algo canoso, una de sus amigas decía que así estaba mas interesante, se arregló el pelo con sus grandes manos y su sonrisa irónica le hizo regresar a la realidad, vaya putada… 

   Tomó asiento en el avión, le había tocado al lado de la ventana, de pronto sintió como un pasajero iba a tomar asiento a su lado, buenas tardes, se giró para contestar, pero su voz se ahogó en su garganta, su corazón quería explotar dentro de su pecho, todo en él empezó a temblar, la mujer rubia de su sueño…, era ella, y su sonrisa era igual que en su sueño, asintió con la cabeza y ella al sentarse rozó su mano con la suya…, ¿ Cómo te llamas?..., solo quería saber su nombre, quería decirle que sin conocerla la amaba, que un sueño había roto todos los esquemas de su vida, que estaba sintiendo sensaciones que ni su mente ni su cuerpo reconocían…, que sentía tanto miedo ante la magnitud de sus sentimientos,  pero las palabras se ahogaban en su garganta casi impidiéndole respirar…, sólo acertó a preguntar su nombre, porque sobre todo…, necesitaba pronunciar su nombre….