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EL CUERPO TODA UNA VIDA

Un enfoque global del paciente

El cuerpo, toda una vida.

 

   Hoy día y gracias en parte a la visión que tenemos en occidente de la salud, tendemos a fragmentar nuestra imagen y tratar cada parte de forma separada. Es por esto que existen multitud de especialidades sanitarias que dan respuesta a problemas de una parte de nosotros, olvidando muchas veces la relación con el resto de piezas que conforman el puzzle.

   Todo el mundo puede entender que tenemos un cuerpo físico, una vida emocional, una capacidad mental, y una esencia propia. Pero casi siempre nos olvidamos de que todas funcionan conjuntamente y de que el estado de salud o enfermedad de una de ellas también refleja el estado de salud o enfermedad de las otras. Y esto que olvidamos tan fácilmente, realmente lo sabemos; y si no, recordemos frases populares que todos hemos usado y que nos hablan de esta indivisibilidad: “me rompió el corazón”, “tengo un nudo en el estómago”, “los ojos son el espejo del alma”, “que cabeza tiene para los números”, “me puso la piel de gallina”, “me quedé paralizado en el examen”. Todas ellas nos hablan de experiencias vitales, mentales, emocionales asociadas a una forma de expresión corporal.

   Existe un ejemplo gráfico muy clarificador para describir este hecho:

 


 carruaje


Podemos describir al ser  humano como un carruaje en el que todas las partes son necesarias para que el conjunto funcione. Así necesitamos un carruaje en condiciones para que soporte bien el camino y nos resulte cómodo; unos pasajeros con las ideas claras de dónde quieren ir, unos cocheros experimentados y concienzudos que nos lleven donde queremos llegar; y unos caballos fuertes pero bien adiestrados que tiren del carro en la dirección correcta.

 

   Si este ejemplo lo trasladamos a una persona, el carruaje será el cuerpo físico que debe estar cuidado y sano para poder llevarnos; los pasajeros serían nuestra esencia o alma o finalidad como personas que nos hablan de nuestros sueños, nuestros propósitos en la vida; los cocheros serán nuestra mente, nuestro yo racional; y los caballos la energía de las emociones, de la motivación, la fuerza vital que nos empuja a luchar por nuestros sueños.
   Lógicamente necesitaremos además que haya una buena y necesaria comunicación y equilibrio entre estos componentes: así el viajero deberá comunicarse bien con el cochero para saber donde ir, y el cochero deberá ser flexible y adaptarse a esa petición. El carruaje deberá estar en buenas condiciones para responder a las órdenes del cochero y a la necesidad de confort de los viajeros. Los caballos deberán entender correctamente las órdenes del cochero sin desbocarse y respetando la comodidad de sus viajeros, pero con la fuerza e ímpetu suficientes para tirar del carro.

   Es por esto que cuando hay un desequilibrio en alguna de las partes todas las demás se resienten y se ven influenciadas de forma directa, dando lugar a la enfermedad; lo que hace que cuando hablemos de salud necesariamente se tengan que tener en cuenta los aspectos físicos, mentales, emocionales y personales de los pacientes; hechos que tienen en cuenta la osteopatía o las terapias psicocorporales.

   Y como me gusta decir: "El cuerpo no entiende de especialistas", simplemente se expresa por todas las ías de las que dispone"