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Francesca Aliern Pons

 
        Un profano, como casi me considero yo hacia el mara-villoso mundo de la pintura, puede ver en la obra de Carme Sabaté, atardeceres enfurecidos, melancólicos, suaves, pero siempre llenos de vida. Un estallido de colores atrevidos, medidos, que a veces dan forma a la tristeza, a la alegría, a la portentosa fuerza de la naturaleza. Paisajes encantadores, muy nuestros, que nos traen a la vista pequeños detalles que el arte de Carme hace que se engrandezcan, que sean cercanos, que aviven el recuerdo. También pueden ser figuras humanas que despiertan pasión y serenidad, que sueltan un aliento de vida a penas perceptible, pero que en el fondo nos cautivan y nos hacen estremecer.

         Todo es fruto de la gran sensibilidad que guía las manos de Carme a llevar a cabo la obra que, sin duda, tiene una fuerte carga de recuerdos personales. Sus pinturas nos hacen amar la belleza en estado natural.

         Un tipo de sentimientos puros y claros, que van más allá de lo que pueden experimentar personas desprovistas de la vena artística, son los que nos hacen participar en su mundo coloreado. Ella, como los que disponen del don envidiable de la creación, pueden hacernos viajar, tanto a los profanos como los entendidos en la materia, hacia un mundo de sutilezas, acomodándonos suavemente en la cumbre de una nube inexistente, como caer, de repente, en medio de un paraje luminoso, plácido, al que comparamos con un idílico paraíso. La obra de Carme nos transmite esta sensación, haciéndonos partícipes entusiastas de la misma.

         A veces, siempre puede surgir un vacío en la inspiración, una laguna pasajera, que al superarla, no hace otra cosa que reafirmar el instinto creativo, el reencuentro con el gusto exquisito de combinar con sabiduría los colores. Al volver a reafirmarse la solidez anímica de Carme, resurge el afán de coger el pincel, qué guiado por la mente y la mano de esta magia portentosa que lo impulsa a crear, exterioriza sus percepciones pictóricas, la manifestación de sentimientos expresados sobre un lienzo. Una voz, sólo audible por ella, la alienta y le cuchichea al oído:

         “Ahora, Carme, adelante, pinta, que así ves el paisaje en este momento."

         Nosotros saboreamos los resultados.


Francesca Aliern Pons
Escritora