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Padre RHOEL

 

 
 
 

Filipinas : 
RHOEL: Martir por la vocación

Antonio Sanz cmf

 

La historia de la Congregación, desde su mismo santo Fundador, ha experimentado el don del martirio.

San Antonio M. Claret escribía en carta al Superior General estas palabras: "Quisiera yo sellar con mi sangre las virtudes y verdades que he enseñad": tuvo la oportunidad de hacerlo en el atentado de Holguín, en Cuba, de cuya experiencia siempre se sintió privilegiado. Toda su vida fue jalonada por la persecución y la calumnia, terminando en el destierro.

La Congregación cuenta con su primer mártir, el P. Crusats, en 1868, estando aún en vida el Fundador, el cual expresó así sus sentimientos: "Doy mil parabienes a todos los de la Congregación por la dicha que tiene de ser perseguida".

Desde entonces el camino recorrido por la Congregación no ha dejado de estar marcado por la gracia de la persecución y del martirio. Prueba de ello son, además del mencionado P. Crusats, el P. Solá, en México, y los 271 en su mayoría jóvenes seminaristas, que dieron su vida en la guerra civil española de 1936. En la beatificación de los 51 Mártires Claretianos de Barbastro Juan Pablo II destacó repetidas veces, tanto en su homilía como en el rezo del Ángelus, el impresionante testimonio colectivo de lo que él llamó "un seminario mártir".

El obispo de Isabela (Filipinas), el claretiano P. Querexeta, dedicó las mejores ilusiones y trabajos, que prolongó aun siendo obispo emérito y hasta el momento de su repentina muerte, a acercar a los pueblos que aparecían enfrentados por su credo religioso: musulmanes y cristianos. Promovió la cultura y el desarrollo con ambiciosos programas para Los que buscó financiación. Su trabajo no fue inútil. La misma línea de acción es seguida por el resto de los misioneros, que huyendo de todo proselitismo mantienen estrecha relación de buen entendimiento y colaboración con los ulamas y el pueblo musulmán. El 1998 el P. Ángel Calvo CMF, creaba en Mindanao la Semana de la Paz, que se viene celebrando anualmente en coincidencia con el Adviento y el Ramadán. La celebración está apoyada igualmente por los obispos católicos y los Mamas musulmanes, y es seguida por unos veinte mil participantes en las diferentes actividades que se organizan. En ellas se integran las escuelas y organizaciones públicas y privadas, intentando "caminar juntos hacia la cultura de la paz". Ha merecido el respaldo del Presidente de la Nación, que la ha declarado oficial en Mindanao.

Pero los resultados deseados siguen siendo asignatura pendiente. Los misioneros claretianos de Filipinas conocen también to difícil que es la convivencia entre cristianos y musulmanes y han padecido en sus pro